jueves, febrero 20, 2020

La familia real británica se reorganiza tras la marcha de Enrique y Meghan

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La espantada de los duques de Sussex estrecha lazos entre el príncipe Carlos, su hijo Guillermo y sus esposas, en plena operación de retirada tranquila de Isabel II

Hay un poco de sobreactuación en los medios británicos cuando deciden bautizar un acto conjunto del príncipe Carlos y su esposa, Camilla Parker-Bowles con los duques de Cambridge, Guillermo y Kate Middleton, como los nuevos Fab Four. Los Cuatro Maravillosos era el nombre con el que se conocía a Los Beatles, y desde entonces tiende a abusarse de la etiqueta cada vez que la suma coincide. Se planeó el encuentro en una visita oficial al Centro de Rehabilitación Médico de Defensa, en Loughborough, el pasado martes.
Hacía nueve años que suegros y yernos no coincidían en un acto público. El heredero de la corona británica y el segundo en la línea de sucesión charlaron con los pacientes del centro. Guillermo ensayó un par de tiros a canasta desde una silla de ruedas y su padre bromeó con la escasa habilidad demostrada. Bienvenido, aburrimiento. La casa de los Windsor ensaya con cuentagotas una imagen de normalidad institucional que deje atrás el segundo annus horribilis que fue 2019, y que se prolongó en el año entrante con la tormenta en un vaso de agua de la espantada a Canadá del príncipe Enrique y su esposa, Meghan Markle.
Isabel II está de retirada. A sus 93 años comienza a preparar el ánimo de sus súbditos, con gestos medidos, para una sucesión sin sobresaltos. Y es cómplice de su hijo Carlos en el intento de reducir a un tamaño manejable el número de miembros de la familia real con mando en plaza. Su mensaje televisivo navideño era una declaración de intenciones. Por el decorado, más que por el contenido.
Las fotos escogidas lo dijeron todo. El príncipe de Gales y su esposa, Camila, quien ha logrado hacerse perdonar por el público conservador y monárquico su intromisión en el matrimonio de Carlos y Diana; al fondo, como guardián de la estabilidad, el consorte Felipe de Edimburgo; en el centro, en un alarde de relevancia, Guillermo, Kate y sus tres hijos; a la derecha, en blanco y negro, el difunto Jorge VI. La aparente solidez de la institución a lo largo de más de ochenta años turbulentos. La selección natural de los miembros más serios, responsables y previsibles de la estirpe para compensar las locuras y devaneos de los más atolondrados.
A la caza de alguna anécdota que salpimentara un acto necesariamente anodino, los tabloides se volvieron locos con la “poco habitual” imagen en el libro de visitas de las cuatro firmas de los invitados. Carlos y Camila, con pluma de trazo grueso y rúbrica final. Letras grandes y trabajadas. Guillermo y Catalina (Kate queda para los titulares), por debajo de los suegros. Letras menudas y nada de filigranas. Tinta de bolígrafo para una generación que huye de la pompa. Y eso fue todo. Los expertos en la realeza se esfuerzan en destripar de una visita rutinaria claves ocultas.

Por Agencias
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